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martes, 18 de febrero de 2014

Cuando la boda acaba con la pareja

Escribo este post desde la ¿melancolía?. A lo mejor es tristeza.

En las últimas semanas me habéis escrito varias novias para contarme que vuestra relación se ha acabado.

No habláis de crisis, de enfados o de cese temporal de la convivencia. No, habláis de un hasta aquí hemos llegado que os lleva a seguir la vida cada uno por vuestro lado.

Cuando varios correos singulares coinciden en tan poco intervalo de tiempo una se pregunta qué está pasando: ¿Hay epidemia de rupturas?.

Luego escuchas en el telediario que en verano y en Navidad es cuando más parejas se rompen, y piensas pues a lo mejor van por ahí los tiros. Igual la Navidad se extiende hasta las Rebajas y vamos a acabar febrero poniendo el cartel de "Saldo" en nuestras relaciones (toco madera).

La única certeza  que me acompaña mientras escribo este post es que no tengo respuestas. Y no será por falta de ganas y de darle vueltas a la cabeza.

Os confieso que me dejáis ojiplática con vuestros correos, voy en la Renfe ensimismada pensando en vuestras historias.




Cuando una de vosotras me cuenta los obstáculos que su relación tuvo que vencer, el amor irracional que vivió, la ilusión de los primeros años y que, sin embargo, mientras preparaba la boda se dio cuenta que se iba a casar con un extraño ....  me quedo sin sangre en las venas.

Llevo viviendo con Javi 14 años, me pilla lejos la convulsión de vivir una ruptura sentimental. Aún así todavía recuerdo lo duro qué fue el desamor cuando mi primer novio me dejó. Llevábamos 5 años saliendo y cuando lo dejamos (me dejó) yo no sentí que perdiera un novio. Sentí que perdía una vida.

No se cómo seréis vosotras, supongo que cada una mundo, como somos todas. El caso es que yo era de las que hacía planes de futuro con su novio cada dos por tres. No hablo de planear dónde íbamos a ir de botellón, sino de cómo se iban a llamar nuestros 3 hijos o si ibamos a invitar a familiares lejanos a nuestra boda o sólo vendrían nuestros amigos (ya de adolescente era monotemática, la boda protagonizaba muchas de mis conversaciones).

Estaba tan segura que un amor como el nuestro no podía sentirlo nadie que nunca, ni en nuestra peor discusión, pensé que la relación pudiera acabar definitivamente (y menos mal que lo hizo porque menudo pieza, pero ese es otro tema).

Y así me di el ostión claro.

Qué angustia, qué dolor, qué horror, qué todo.

Tenía poco más de 20 años cuando viví el desamor por primera vez. Nunca vivimos juntos, nunca ahorramos para comprar un piso ni nos fuimos de vacaciones románticas; no pasamos de ser novios de portal. Aún así la sensación de pérdida fue insoportable.

Por eso no puedo ni imaginar cómo debe ser acabar una relación cuando ya no se trata de castillos en el aire. Cuando tienes las invitaciones de boda entregadas y cita para la prueba del vestido de novia la semana que viene.

No tengo ninguna respuesta ni me puedo poner en vuestro lugar. No se por qué una relación puede 'ir bien' (aunque sea entre comillas) y que la boda sea el detonante para romper la pareja definitivamente.

Desde fuera parece de comedia americana que las discusiones por culpa de la suegra o la cuñada puedan dañar tanto una relación como para romperla, o que la decepción porque el novio no se implica lo suficiente en los preparativos es una razón muy pobre para acabar con una relación (con la boda puede ¿pero con la relación?).

Supongo que una se cansa de tirar de un carro lleno de flores que pesan como piedras. Que las relaciones que acaban durante los preparativos de la boda eran ya, en realidad, relaciones muertas.

No es tan sencillo. Muchas me aseguráis que la relación iba bien hasta que decidistéis casaros, que todavía no entendéis que ha pasado.

No tengo respuestas, sólo puedo lanzar preguntas al aire:

¿Merece la pena organizar una boda si va a poner el peligro tu relación? (algunas ya me habéis dicho que sí, que te enfrenta a una realidad que estaba ahí, aunque no quisieras verla)

¿Por qué las suegras y las cuñadas se vuelven más suegras y más cuñadas cuando escuchan la palabra Boda?

¿Por qué no podemos organizar la boda nosotras solas?  ¿Por qué a veces nos empeñamos en convertir a nuestra pareja en un experto en DIY, fincas, flores, música?

Tengo la sensación de que las novias 2.0 queremos ser muchos tipos de novia. Que a veces nos volvemos un poco locas, queremos tener todo en nuestra boda y nos dejamos llevar no sólo por cómo debe ser la boda perfecta, si no por cómo debe ser el novio perfecto.

Si tu novio es futbolero, si se le pasan las horas muertas delante de la Play o de un libro. Si flipa en colores con Breaking Bad o le molan los conciertos indies .... ¿no será mejor dejarle vivir en su mundo?.

Se que desparramo, que paso de un tema a otro y que me centro en un tipo de relación, de novio y de ruptura muy concreto.

Os aseguro que os tengo en mente a todas mientras escribo, sé que me habéis contado rupturas superdolorosas que nada tienen que ver con lo que estoy escribiendo. Precisamente por lo personales y dolorosas que son no incluyo detalles en este post, pero no os olvido.

Acabo con la misma sensación de melancolía y tristeza con la que empecé. Sigo sin tener respuestas a mis preguntas, ni a las vuestras.

En realidad sólo hay una pregunta para la cual me gustaría tener respuesta. Esa sobre la que vuelvo una y otra vez cuando pienso en vuestras historias, todas tan diferentes:

 ¿Por qué se acaba el amor?

Un beso muy grande y mucha luz para las que estáis pasando por este momento